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MODELAR Y CONFORMAR LOS MATERIALES que nos proporciona la naturaleza para levantar edificios, erigir catedrales o tender puentes, colaborando con numerosos equipos humanos y manejando complejos ingenios, son de las pocas actividades del hombre en las que se establece una plena y singular colaboración entre el trabajo intelectual y manual, armónica y libremente, casi definitoria de su esencia misma. Los que percibimos esa sensación desde que jugábamos a construir ya desde niños, sabemos que el desarrollo de esta labor no es más que un intento de revestir de profesionalidad una necesidad atávica, que ocupa un sitio único en nuestra vida, y que nos permite dejar para el futuro la mejor memoria de nuestros días, como nos la dejaron a su vez quienes nos enseñaron el oficio.